Seis años después, cristianos de India siguen esperando justicia por masacre de Kandhamal

ROMA, 25 Nov. 14 (ACI/EWTN Noticias).- En agosto pasado se cumplieron seis años de la brutal masacre de Kandhamal, en Orissa (India), pero para el P. Thomas Chellan los recuerdos no se han desvanecido.

Incluso después de todo este tiempo los cristianos de la región aún esperan justicia. Aunque la mayoría de los instigadores fueron atrapados, siguen sin ser enjuiciados.


“La comunidad local fracasó completamente en proteger las vidas y propiedades de sus vecinos cristianos”, señaló a la organización católica de ayuda internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).


Por ello espera que el gobierno investigará seriamente la masacre y otros hechos como este.


El 23 de agosto de 2008 fue asesinado Swami Lakshmanananda, líder del nacionalista


Vishna Hindu Parishad. Este hecho fue aprovechado por los fundamentalistas hindúes para atacar a los cristianos locales, a quienes culparon del crimen.


En los siguientes meses unos cien cristianos fueron muertos por negarse a convertirse al hinduismo y otras 50.000 personas fueron desplazadas, mientras que 5.600 casas y 300 iglesias fueron destruidas. “Sin embargo, la fe cristiana se mantuvo brillando en medio de los escombros de las iglesias y viviendas quemadas”, afirmó el sacerdote.


El P. Chellan sobrevivió a los ataques violentos, pero más de una vez pensó que moriría. Su historia es solo una de las muchas que vivieron los cristianos a causa de la persecución religiosa.


La tarde después del asesinato del líder hindú, cientos de personas descendieron al centro pastoral. Temiendo por su vida, el P. Chellan, junto a su asistente y una religiosa, escaparon luego de trepar por la pared. Tuvieron que esconderse en el bosque hasta bien entrada la noche. “Podíamos ver nuestra casa ardiendo. Las muchedumbre rompió todas las puertas y ventanas, pensando que nos ocultábamos dentro”, relató.


El P. Chellan y la religiosa buscaron refugio en la casa de un hindú, que los ocultó a pesar del gran riesgo que enfrentaba. El asistente del sacerdote se escondió en la vivienda de su hermano.


Al día siguiente, unas cincuenta personas regresaron al centro pastoral gritando consignas anticristianas y llevando cuchillos, palos y hachas. El hindú que ocultaba al P. Chellan y a la religiosa estaba nervioso por lo que le podía ocurrir, así que pidió al sacerdote esconderse en el cobertizo del patio mientras la hermana seguía en la casa.


Sin embargo, los fundamentalistas ingresaron a la casa y los sacaron a ambos. “Fui golpeado con palos y fierros. Sufrí lesiones en la parte superior de mi cabeza, frente y hombro”, recordó. Luego los llevaron al centro pastoral y violaron a la religiosa. El sacerdote trató de intervenir, pero fue controlado por el grupo.


“Cuando traté de evitar que la atacaran, fui sacado y rociado con gasolina. Alguien sacó una caja de fósforos. Viendo eso, dije mis últimas oraciones, pensando que mi fin había llegado”, relató.


Fueron atados juntos y, aunque llegó un patrullero y otros policías, estos no intervinieron, sino que se quedaron como espectadores. “Habían encendido una pila de neumáticos. Pensábamos que seríamos quemados vivos, pero no sucedió lo peor. El bueno Señor tiene su camino. Es todo lo que puedo decir”, expresó el sacerdote.


Finalmente, los atacantes y las víctimas fueron llevadas a la estación policial donde pasaron a salvo la noche. Al día siguiente, la policía los trasladó a una estación más segura en la capital de Bhubaneswar, donde pudieron ser visitados por el arzobispo y ser sacados del estado para recibir tratamiento médico.


“Mirando hacia atrás todo lo que pasó, agradezco a Dios por darnos a ambos una nueva perspectiva de la vida. No guardamos odio o rencor hacia las personas que nos atacaron y maltrataron”, afirmó. “Solo espero y rezo para que la paz y la justicia lleguen a Kandhamal y la gente puede vivir sin discriminación religiosa”, añadió.


El P. Chellan indicó que a pesar de esta persecución, la comunidad cristiana ha dado pasos para mejorar la vida de los habitantes de cualquier religión, particularmente a través de la educación. “Los cristianos están reclamando su derecho a tener un lugar en la sociedad y están poco dispuestos a soportar por más tiempo la discriminación religiosa y social”, señaló-


El sacerdote explicó que la mayoría de los cristianos en el área son considerados como “dalits”, o parte de la casta más baja en la jerarquía tradicional hindú. Sin embargo, a diferencia de los dalits hindúes o budistas, los dalits cristianos y musulmanes no reciben ningún beneficio del gobierno, lo cual –indicó-, viola la Constitución de la India.


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