Obispo alerta del repunte de la violencia en República Centroafricana

ROMA, 28 Oct. 16 / 04:22 am (ACI).- Tras el paréntesis de paz que supuso la visita del Papa Francisco a la República Centroafricana hace un año, el país se ha sumido en una nueva espiral de violencia.

En declaraciones a ACI Prensa, el Obispo de Bangassou, Mons. Juan José Aguirre Muñoz, ha denunciado que la guerrilla rebelde islamista Seleka, y su rival Antibalaka, continúan violando los derechos humanos de la población local.

La guerrilla Seleka ha bloqueado “un corredor enorme que va desde la frontera norte del Chad y la zona de Birao, hasta Ndele, Kaga Bandoro, Bambari y Kouango. La ruta hacia Bangassou está bloqueada por cientos de barreras, las zonas mineras están sometidas al saqueo sistemático de los rebeldes Seleka, y los no musulmanes que viven en estas regiones son sometidos a intimidaciones, raptos, saqueos y asesinatos”.

Sin ir más lejos, dijo el Obispo, “el 5 de octubre, en Kaga Bandoro, un grupo de Selekas atacó el obispado, las ONG colindantes y el mercado. Murieron decenas de personas y hubo muchos heridos. La ciudad quedó al borde del colapso”.

Mons. Aguirre no duda en tildar estos recientes hechos de “crímenes de guerra”. Pero insiste en que la violencia no solo la ejercen los islamistas. Musulmanes inocentes siguen sufriendo la violencia de la otra guerrilla importante del país, los Antibalaka, formada por no musulmanes.

“Muchos musulmanes que huyeron de varias regiones en los primeros meses de 2014 no han vuelto a Centroáfrica. Siguen hacinados en campos de desplazados en la frontera con el Chad. De las 24 mezquitas que había en la ciudad de Bangui, 23 han sido demolidas hasta los cimientos”.

“Es como si volviéramos a caer de nuevo en el laberinto del que el Papa Francisco nos ayudó a salir”, lamenta el Prelado. Se trata de “un toma y daca que desgasta las fuerzas, debilita todos los esfuerzos para la cohesión y el diálogo, y neutraliza muchas esperanzas para el futuro”.

Además, en el país también están actuando otras fuerzas guerrilleras procedentes del exterior, como el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), cuyo líder, Joseph Kony, es el criminal de guerra más buscado de todo el continente africano tras protagonizar varios episodios de exterminio contra la población ugandesa.

“Todo el este del país, la zona de la diócesis de Bangassou, está en manos de los criminales de Joseph Kony que nos pisotean como quieren”, explica Mons. Aguirre.

Hace un año, el Papa Francisco abrió la Puerta Santa de la catedral de Bangui. La capital de la República Centroafricana, al igual que todo el país, atravesaba una larga etapa de violencia. Aquel gesto del Santo Padre -la Puerta Santa de San Pedro de Roma se abriría una semana después- durante su viaje apostólico a África, significó el inicio del Año Santo de la Misericordia. Su presencia supuso un poderoso mensaje de paz y de concordia que permitió un paréntesis de paz que duró varios meses.

El Obispo de Bangassou señala que aquel viaje apostólico “fue como un paréntesis mágico. Pero el balance a un año vista de su visita es agridulce”.

La presencia del Pontífice en el país “provocó 4 meses de ensueño donde todos creíamos que, rotas las barreras y suprimidas las líneas rojas, el país empezaría a despegar, a salir del laberinto en el que islamistas radicales primero (Selekas) y fuerzas no musulmanas llenas de rabia después (Antibalaka) nos sometieron”, asegura.

“Fueron 4 meses durante los cuales se pudo hablar, razonar, dar mítines y encauzar elecciones democráticas”

En esas elecciones fue elegido presidente Faustin Archange Toadera. “Después de la euforia inicial, el fenómeno Toadera empezó a entrar en la niebla: la sombra de gobiernos que arman y empujan a grupos islamistas radicales con sus petrodólares llega a todo el país”.

La República Centroafricana parece sufrir un abandono de la comunidad internacional. Ni siquiera las fuerzas desplazadas por la ONU (12.000 cascos azules) parecen capaces de encauzar la situación de desestabilidad.

“Los cascos azules son ineficaces a pesar de los millones que las Naciones Unidas gastan cada día en ellos”. La situación es tan desesperada que “el 24 de octubre, la ciudad de Bangui se convirtió en ‘ciudad muerta’. La gente pedía la salida del país de los 12.000 cascos azules. Hubo represiones, altercados, violencias y 4 muertos entre la multitud, además de unos 10 heridos entre las fuerzas de la ONU”, relata el Prelado.

El Obispo de Bangassou denuncia la instrumentalización de la religión por parte de criminales y guerrilleros. “El conflicto centroafricano, a grandes rasgos, es un conflicto entre musulmanes y no musulmanes, pero en la base hay otras razones diferentes a las religiosas”, indica.

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